Nuria vende líneas de envasado. El miércoles pasó tres horas en Conservas Ribadomar, en Cambados: media reunión en una sala con el ruido del autoclave colándose por la puerta, y la otra media andando por la nave señalando la línea vieja con el dedo.
En la sala estaban Xoán, que se presentó como jefe de producción, y su cuñado, que no dijo a qué se dedicaba. De presupuesto nadie soltó una cifra. De plazo tampoco, al menos no como fecha.
Lo que salió de verdad
La ficha que armó el copiloto mientras ellos hablaban:
- Nombre y cargo: Xoán Ferreiro, jefe de producción — y además socio, algo que soltó de pasada en la nave: «como accionista, yo esto lo firmaba hoy». Eso cambia quién decide.
- Empresa y segundo interlocutor: Conservas Ribadomar. El cuñado resultó llevar la parte financiera; no se presentó, se identificó solo por lo que decía — amortización, cuota, aval.
- Presupuesto: no hay cifra dicha. Hay esto: «lo que quede de la ayuda, y de ahí hay que quitar la obra civil». El copiloto lo dejó como rango inferido, no como dato, con la frase literal al lado.
- Plazo: «tiene que estar montado en la parada de agosto». Con los plazos de fabricación, eso significa decidir antes de mayo. La ficha guardó las dos fechas, la del cliente y la real.
Nada de eso apareció junto. El cargo salió a los cincuenta minutos y el plazo en el aparcamiento, ya con las llaves en la mano.
Y lo que no subió al CRM
La reunión dejó también cosas que Xoán no contó para que las leyera nadie más: que la línea del 19 les para cada dos semanas, que llevan medio año sirviendo tarde a su cliente más grande, y que el cuñado quiere salirse de la sociedad.
El CRM de Nuria lo ve su equipo entero, su jefe de zona y dos distribuidores externos. Ahí eso no pinta nada. Así que exportó los cinco campos y dejó el resto donde estaba.
Esa decisión solo existe si la ficha se construye antes en tu máquina. Si el audio hubiera viajado a un servidor para transcribirse, la frase del cuñado ya estaría fuera — en un log, en una copia de seguridad, en el incidente de un proveedor que Nuria no eligió. Da lo mismo lo que exportes después: la copia sensible ya no es tuya.
Zero-trust sin letra pequeña
«Zero-trust» suele querer decir: mándanoslo, lo ciframos, lo borramos a los treinta días y aquí está el certificado. Eso no es no confiar. Es confiar con papeles.
Elffuss Copiloto no tiene esa conversación porque no hay envío. El modelo se descarga una vez al navegador y a partir de ahí escucha, transcribe y monta la ficha en la GPU del propio portátil, sin cuenta y sin conexión. No hay nada que borrar a los treinta días porque nunca llegó a salir de la nave.
Abre Elffuss Copiloto en tu próxima visita: corre entero dentro del navegador, no sube ni un segundo de audio, y te deja la ficha lista para que decidas tú qué va al CRM.
Abrir Copiloto →