Marta vende instalaciones de climatización a edificios públicos: colegios, polideportivos, centros de día. El martes tenía una consulta preliminar de mercado en un ayuntamiento de sesenta mil habitantes. Para quien no se mueva en esto: es esa reunión perfectamente legal en la que la administración se sienta con varios proveedores antes de redactar el pliego, para enterarse de qué hay en el mercado. Todo lo que se dice ahí es información que todavía no es pública.
Enfrente, Emilio Arana, jefe de la sección de Mantenimiento e Instalaciones. Abrió así:
De esto no quiero ver un correo, ¿eh? Todavía no hay expediente.
Lo que se dijo en voz alta
En cuarenta minutos y sin ningún orden: hay que sustituir las calderas de gasóleo de tres colegios y el polideportivo; en el remanente hay 240.000 euros, pero este ejercicio solo pueden comprometer 90.000; los otros 150.000 dependen de una modificación de crédito que va al pleno de noviembre; si sale, el pliego se publica en febrero y quieren adjudicar antes del verano. Y una cosa más, dicha de pasada mientras buscaba un plano: el año pasado se quedaron con una instalación buena que luego no mantenía nadie, y esta vez el mantenimiento a cinco años va a puntuar de verdad.
Eso último es lo que le dice a Marta cómo montar la oferta. Y es justo lo que no puede salir de esa sala: si un competidor conoce la cifra y el criterio antes de que el pliego sea público, la consulta deja de ser una consulta y se convierte en motivo de impugnación. Concurso anulado, y Emilio con un problema que ya no es comercial.
La ficha
El copiloto escuchaba en una pestaña del portátil. Al cerrar el ordenador ya estaba montada:
- Contacto: Emilio Arana, jefe de sección de Mantenimiento e Instalaciones.
- Organismo: ayuntamiento de ~60.000 habitantes. Cuatro edificios: tres colegios y el polideportivo.
- Presupuesto: 240.000 € totales; 90.000 comprometibles este ejercicio; 150.000 pendientes de modificación de crédito.
- Plazo: pleno de noviembre → pliego en febrero → adjudicación antes del verano.
- Clave de la oferta: mantenimiento a cinco años incluido, con peso en la valoración.
Marta no apuntó nada durante la reunión. Antes lo reconstruía de memoria en el coche, y lo dicho de pasada era precisamente lo que se perdía.
Zero-trust sin la parte de confiar
Un transcriptor de los normales habría subido ese audio a un servidor: cifra, calendario y criterio de valoración de un expediente que todavía no existe, guardados en una empresa que no es ni Marta ni el ayuntamiento. No hace falta que nadie sea malo; basta una brecha o un empleado con curiosidad.
Elffuss Copiloto no tiene ese riesgo porque no tiene esa pieza. El modelo se descarga una vez y corre dentro del navegador, sobre la GPU del propio portátil. El audio no sale porque no hay a dónde mandarlo. La ficha va al CRM cuando Marta le da a exportar, no por su cuenta. Y como es código abierto, eso no hay que creérselo: se mira.
Emilio pidió que de aquello no saliera un correo. No salió ni un correo ni un paquete.
Abre Elffuss Copiloto en una pestaña antes de tu próxima reunión: corre en tu navegador, el audio no se sube a ningún sitio y la ficha del cliente sale lista para el CRM.
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