Sergio Bonet lleva las compras de una cadena de seis hoteles entre Benidorm y Altea. En la tarjeta pone «director de compras»; en la reunión lo matizó él solo: «de compras y de obra, que aquí somos cuatro y hacemos de todo». La cita era en una feria de contract hotelero, en una de esas salitas que el organizador presta por medias horas, con el pabellón zumbando al otro lado del tabique.
Enfrente tenía a un comercial de platos de ducha y mamparas que ese día iba por su novena reunión. A las nueve de la noche, en el hotel, ninguna libreta del mundo distingue ya la cuatro de la siete.
Veinticinco minutos y nada ordenado
Sergio no dictó una ficha. Soltó lo suyo como lo suelta cualquiera. La reforma empezó siendo «un repaso de baños» y a los cinco minutos ya eran noventa y seis. El presupuesto apareció de refilón, mientras removía el café: «yo de mil cuatrocientos y pico por baño no me muevo». Y el plazo no vino como plazo, vino como temporada: el hotel cierra el 3 de noviembre y abre el 1 de marzo, y lo que no esté montado el 1 de marzo no se monta.
A mitad de conversación, esto:
Es que eso mismo me lo ha pasado el de enfrente bastante más barato. No me hagas decirte cuánto… bueno, mil doscientos con la mampara puesta.
Lo de enfrente era literal: mismo pabellón, treinta metros, dos pasillos.
Lo que quedó escrito
- Quién: Sergio Bonet, compras y obra; firma él el pedido de material
- Empresa: cadena de seis hoteles en la costa de Alicante, el proyecto es el de Benidorm
- Alcance: 96 baños completos, plato y mampara
- Presupuesto: tope declarado de 1.400 a 1.500 € por baño
- Plazo: ventana de montaje del 3 de noviembre al 1 de marzo, sin prórroga
- Siguiente paso: muestra de plato antideslizante a la obra, no a la oficina
- Competencia: oferta rival encima de la mesa, 1.200 € con mampara
Todo eso salió del audio de la sala, con el ruido del pabellón de fondo, y estaba escrito antes de que Sergio llegara a su siguiente cita.
Por qué esa conversación no podía salir de ahí
La última línea de la ficha no es del comercial ni es de Sergio: es de un tercero que no estaba en la sala y que no ha autorizado nada. Sergio la dijo porque se fía del que tiene delante, no de la cadena de proveedores de software del que tiene delante.
Con un transcriptor de los normales, ese audio sube y se queda en algún sitio. Lo puede abrir alguien de soporte, lo puede reclamar un juzgado, lo puede sacar una brecha dentro de dos años. Y ese día, además, habría subido por el wifi que monta el organizador de la feria: la misma red a la que están enganchados todos los expositores del pabellón, el de enfrente incluido.
Elffuss Copiloto no sube nada porque no tiene a dónde. El modelo se descarga una vez y corre dentro de la pestaña del navegador, sobre la GPU del propio equipo. El audio se hace texto ahí, el análisis se hace ahí y la ficha se escribe ahí. Sin red funciona exactamente igual, que es la única prueba que vale. De zero-trust habla todo el mundo y casi siempre quiere decir «confía en nosotros, que ciframos»; aquí no hay a quién confiarle el dato, porque el dato no se mueve.
Esa noche, en el hotel, el comercial repasó la ficha, la exportó al CRM y pidió la muestra para la obra. Viajó lo que él decidió que viajara. El audio ya no existía en ninguna parte.
Ábrelo antes de tu próxima reunión: Elffuss Copiloto corre entero dentro del navegador, sobre tu propio equipo, y ni el audio ni la ficha del cliente suben a ningún servidor.
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