Rubén vende sistemas de seguridad perimetral para industria agroalimentaria. Lleva Salamanca y Ávila, y casi todas sus visitas empiezan por una de dos razones: alguien ha tenido un susto, o alguien tiene a la aseguradora encima. El martes era lo segundo, en un secadero de Guijuelo con unos cuarenta mil jamones colgados.
Teresa Montero, la gerente, no se anduvo con rodeos. Para explicarle qué necesitaba tuvo que explicarle primero lo que no tiene: la valla del lado norte sigue abierta desde una obra de julio, la cámara del muelle de carga lleva meses dando una imagen inservible, de viernes por la tarde a lunes no hay nadie en la parcela, y las llaves de la puerta pequeña las tiene, por costumbre de hace veinte años, el vecino de la nave de al lado.
A mitad de la enumeración se paró en seco:
Oye, que me estoy oyendo. Si quisieras robarme, con esta conversación te sobra.
Y tiene razón. Esa media hora no es una reunión comercial: es el plano de una nave con bastante producto dentro, dicho en voz alta por la persona que sabe dónde falla. Un comercial con un transcriptor normal tendría que haberle contestado algo así como «va a un proveedor que lo borra en treinta días». Rubén le contestó otra cosa: que no va a ninguna parte. El micrófono entra en el navegador, el modelo corre ahí mismo, y ahí se queda. No hay servidor que lo reciba, así que no hay nada que borrar ni nadie a quien creerle.
Lo que quedó escrito
- Nombre: Teresa Montero
- Empresa: secadero familiar de Guijuelo, dos naves
- Cargo: gerente, decide ella
- Presupuesto: 60.000 €, que es lo que le baja la prima al año si instala grado 3
- Plazo: puesto antes del puente de diciembre; la póliza se renueva el 1 de enero
Ninguno de esos cinco datos estaba dicho en una frase limpia. El presupuesto salió de «la aseguradora me quita sesenta mil de prima si pongo grado tres, con eso me lo pago solo», y el copiloto lo guardó con la razón pegada, que es justo lo que el técnico necesita para montar la propuesta. El plazo apareció mezclado con un lamento sobre la campaña de Navidad. El cargo, en un «aquí lo firmo yo» de pasada.
El foso no es la ficha, es el audio
Rubén antes apuntaba esto a mano en una libreta que vive en el coche. Peor sitio, dicho sea todo. Lo que ha cambiado no es que ahora lo escriba una máquina, es que puede grabar una conversación como la de Teresa sin que exista una copia en el ordenador de un tercero. Al CRM sube la ficha que él elige, campo a campo. La valla del lado norte no es un campo del CRM y no tiene por qué subir a ningún sitio.
Ábrelo antes de tu próxima visita: Elffuss Copiloto escucha y saca la ficha dentro del propio navegador, con la gráfica de tu portátil, sin subir el audio ni los datos del cliente a ninguna parte.
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