Álex Ferrer vende maquinaria de lavandería industrial. El martes pasado fue a un polígono de Inca, a una lavandería que lava la ropa de cama y las toallas de una veintena de hoteles de Mallorca. Lo recibieron dos personas y las dos se llamaban Carmen.
Carmen Vidal es socia y gerente. Carmen Ruiz es jefa de producción. Se presentaron así una sola vez, al principio. Durante los cincuenta minutos siguientes, en aquella sala todo el mundo dijo «Carmen» a secas.
Antes de empezar, Álex preguntó si podía tener abierto el copiloto. Vidal miró el portátil: «¿Y eso adónde va?». «A ningún sitio. Se queda aquí». «Pues dale».
La conversación
Querían cambiar la calandra y la plegadora, que ya tienen quince años. Ruiz habló de kilos por hora, de los atascos con las sábanas de 180 y de los turnos de agosto. Cuando Álex preguntó por el presupuesto, Ruiz giró la cabeza: «Eso, Carmen». Y Vidal contestó: «Con financiación, hasta ciento cuarenta mil. Sin financiación, ni lo hablamos».
El plazo lo dio la misma: «Montada y probada antes de Semana Santa. Si abren los hoteles y la línea no tira, me como yo las sábanas».
Entretanto salió todo lo demás: qué cadenas hoteleras les dan trabajo, cuántos kilos mueve cada una en temporada alta, a cuál le hacen mejor precio y por qué, y que tienen un procedimiento abierto con su técnico actual por una avería que les paró la planta una semana.
Lo que sacó el copiloto
- Contacto: Carmen Vidal
- Cargo: socia y gerente, decide la compra
- Empresa: la lavandería, con su razón social
- Presupuesto: hasta 140.000 €, siempre que haya financiación
- Plazo: instalada y probada antes de la Semana Santa de 2027
- Otro contacto: Carmen Ruiz, jefa de producción, que es la interlocutora técnica
Lo que vale de verdad es la primera línea. En la libreta, Álex habría apuntado «Carmen: 140k», y dentro de dos meses nadie en su oficina sabría a cuál llamar. El copiloto le asignó la cifra por contexto a la que se había presentado como gerente y a quien la otra le había pasado la pregunta. Álex lo comprobó contra la transcripción antes de exportar y no tuvo que cambiar nada.
Por qué esto no podía salir del portátil
A una lavandería industrial la sostiene su cartera de hoteles, con los kilos y el precio de cada uno. Cualquier competidor de la isla daría lo que fuera por esa lista. Y lo del pleito con el técnico es justo la clase de frase que no quieres que acabe en el servidor de nadie, ni en el del fabricante de Álex ni en el de un servicio de transcripción.
Aquí la pregunta ni se plantea. El audio se transcribe y se analiza dentro del navegador de Álex, con el modelo corriendo en la gráfica de su propio portátil. No hay cuenta, nada se sube y no existe ningún tercero al que haya que pedirle que borre algo. Al CRM solo fue la ficha. La lista de hoteles y el pleito se quedaron en el polígono de Inca, que es donde se contaron.
«Si alguien quiere saber a quién lavo, que se lo trabaje. Por nosotros no se va a enterar», le dijo Vidal en la puerta.
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