Lucía Gimeno vende ascensores para una empresa mediana de Zaragoza. Su cliente casi nunca es una empresa. Suele ser una comunidad de vecinos de un bloque de los sesenta que no tiene ascensor. Quien la recibe es el presidente de turno, que no eligió el cargo y quiere quitarse el marrón antes de la próxima junta.
El martes le tocó Ángel Lafuente, presidente de un edificio de cinco alturas en Delicias. Quedaron en el bar de abajo. Lucía abrió Elffuss Copiloto en el navegador del portátil, le dijo a Ángel que iba a tomar notas con eso y le enseñó la pantalla. Él se encogió de hombros y pidió un cortado.
La conversación
Ángel fue al grano. Quieren el ascensor por el patio interior y tienen una oferta de otra empresa de 74.000 euros. Lo dijo así: «Si bajáis de setenta, lo llevo a la junta extraordinaria del 14 de noviembre». Hasta ahí, una reunión de ventas normal.
Luego vino lo que sale en cualquier reunión de comunidad. La derrama no iba a ser fácil, porque el del tercero no paga desde marzo, y Ángel dio su nombre y apellido. La del segundo izquierda era la que más empujaba, porque quiere vender el piso y sin ascensor no se lo compra nadie. Y el del bajo iba a votar en contra, porque no le toca pagar y además tiene un juicio abierto con la comunidad por unas humedades.
«Esto te lo cuento para que sepas cómo está el patio, pero que no salga de aquí, ¿eh?»
Lo que sacó el copiloto
Al pagar los cafés, la ficha ya estaba hecha:
- Nombre: Ángel Lafuente
- Empresa: Comunidad de propietarios del edificio
- Cargo: Presidente de la comunidad
- Presupuesto: por debajo de 70.000 €, con una oferta de la competencia de 74.000 €
- Plazo: junta extraordinaria del 14 de noviembre
La ficha tiene esos cinco campos y ninguno es para los asuntos del vecindario. El moroso, el pleito y los planes de la del segundo se quedan en la transcripción. Lucía la consulta para preparar la junta, pero no la exporta al CRM. Y esa transcripción tampoco ha salido del portátil: el audio se transcribió y se analizó ahí mismo, dentro del navegador.
Por qué aquí no hay letra pequeña
En diez minutos, Ángel soltó datos de tres personas que no estaban en la mesa. Una deuda con nombre propio, un procedimiento judicial y la intención de vender una casa. Ninguno de los tres había dado permiso a nadie para nada. Con un asistente de reuniones en la nube, todo eso habría acabado en el servidor de un tercero para transcribirlo, y Lucía no sabría cuánto tiempo iba a quedarse allí. El «que no salga de aquí» se habría roto antes de que llegara el cortado.
Aquí la promesa se cumple sin que Lucía tenga que fiarse de la política de privacidad de nadie, porque no hay ningún servidor al que mandar nada. Eso es zero-trust de verdad: no hace falta confiar en ningún proveedor porque ningún proveedor ve los datos.
Y además Lucía sale con ventaja. Ya sabe que en la junta le conviene tener de su lado a la del segundo y que el del bajo será el hueso. Esa información puede darle la venta. Pero la tiene ella, en su portátil, y no una empresa de software que nunca ha pisado ese portal.
Abre Elffuss Copiloto en tu navegador antes de la próxima reunión: escucha, te prepara la ficha para el CRM y no sube ni una palabra a ningún servidor.
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